La certificación de eficiencia energética de los edificios

La Directiva 2002/91/CE del Parlamento Europeo y del Consejo, del 16 de diciembre de 2002 relativa a la eficiencia energética de los edificios, dispuso la obligación de poner a disposición de los futuros compradores o usuarios de los edificios o viviendas de un certificado de eficiencia energética, con el objetivo de que estos tuvieran a su disposición toda la información necesaria y concreta del producto puesto a su disposición en el mercado, facilitando así al ciudadano el útil y necesario conocimiento sobre su adecuado uso, consumo y disfrute. Con el fin de adaptarse a esta normativa europea, en nuestro país se aprobó el Real Decreto 47/2007, que establecía un procedimiento básico para la certificación energética de edificios de nueva construcción, lo que supuso un paso importante para la defensa de los consumidores y usuarios.

Dado que la anterior normativa europea ha ido evolucionando y se ha ido modificando a lo largo de los últimos años, esto ha propiciado y obligado a que la legislación española se haya tenido que ajustar a las nuevas directrices europeas, por ello y con fecha de 3 de junio de 2021 ha entrado en vigor el Real Decreto 390/2021, de 1 de junio, por el que se aprueba el procedimiento básico para la certificación de la eficiencia energética de los edificios, el cual establece las condiciones que han de regir las certificaciones de eficiencia energética de los edificios, así como que la energía que estos utilicen sea cubierta mayoritariamente por energía procedente de fuentes renovables, con la consiguiente reducción de las emisiones de CO2 en el sector de la edificación.

Esta nueva certificación de eficiencia energética será de aplicación a:

  • Edificios de nueva construcción.
  • Edificios o partes de edificios existentes que se vendan o alquilen a un nuevo arrendatario. En este caso la inmobiliaria que oferta el edificio o vivienda deberá informar a sus clientes de dicha certificación, como ocurre con Romer Playa, una inmobiliaria en Denia (Alicante), dedicada a la compra, venta y alquiler de pisos, apartamentos, viviendas unifamiliares, alquiler vacacional, etc.
  • Edificios o partes de edificios pertenecientes u ocupados por una Administración Pública, con una superficie útil total superior a 250 metros cuadrados.
  • Edificios o partes de edificios con una superficie útil total superior a 500 metros cuadrados destinados a los siguientes usos: administrativo, sanitario, comercial (tiendas, supermercados, centros comerciales…), docente, cultural (teatros, cines, museos, salas de exposiciones, bibliotecas…), actividades recreativas (casinos, salas de fiesta, discotecas…), restauración (bares, restaurantes, cafeterías…), transporte de personas (estaciones de tren, autobuses, aeropuertos…), deportivos (gimnasios, polideportivos…), lugares de culto, de uso religioso, residencial público (hoteles, residencias, pensiones, apartamentos turísticos…).
  • Edificios que tengan que realizar obligatoriamente la inspección técnica del edificio o inspección equivalente.
  • Edificios o partes de edificios en los que se realicen reformas o ampliaciones que cumplan con alguno de los siguientes supuestos:

– sustitución, instalación o renovación de las instalaciones térmicas, siempre que se necesite la realización o modificación de un proyecto de instalaciones térmicas.

– intervención en más del 25% de la superficie total de la envolvente térmica final del edificio.

– ampliación en la que se incremente más de un 10% la superficie o el volumen construido, siempre que la superficie útil total ampliada supere los 50 m2.

Actualmente, los certificados de eficiencia energética son obligatorios en todos los países de la unión europea, salvo Irlanda y Bulgaria. Para facilitar su comprensión al público en general, todos los certificados muestran una etiqueta que de forma clara y sencilla muestra la clasificación obtenida por el edificio en dos clasificaciones, donde se ofrece información sobre el consumo de energía y las emisiones de dióxido de carbono (CO2), siempre en condiciones normales de ocupación y uso, y dentro de una escala que va desde la letra A hasta la G, siendo la A la más eficiente  y la G la menos eficiente, de tal modo que las letras A y B nos indican que la vivienda es muy eficiente, es decir necesita poca energía para su funcionamiento, las letras C y D, son categorías medias, con un consumo apropiado, la E y F son poco eficientes y la G muy poco eficiente.

¿Y qué pasa con los edificios passivhaus?

Las casas y edificios passivhaus son aquellos en los que se reduce en un 75 % las necesidades de calefacción y refrigeración, y el resto de energía puede ser cubierta con energías renovables. Los requisitos imprescindibles que deben cumplir son:

  • Excelente aislamiento térmico.
  • Ventanas y puertas de altas prestaciones.
  • Ausencia de puentes térmicos.
  • Ventilación con recuperación de calor.
  • Estanqueidad del aire.

El verano ya está aquí: hora de poner la piscina a punto

La primavera ya es un recuerdo del pasado, una estación que suele ponernos contentos porque dejamos atrás el frío del invierno, los días cortos, los abrigos gordos, la calefacción puesta a todas horas, los pies siempre fríos y la pereza de salir de casa o incluso de la cama. Pero también tiene cosas que nos agotan, como dejar atrás el frío (estarás de acuerdo si eres caluroso y sudas hasta con 20 grados en el termómetro), también conlleva un cambio de armario y guardar el nórdico en su funda y, cómo no, las primeras horas de calor nos dejan totalmente aplatanados, ya que el cuerpo no está todavía acostumbrado.

Pero, tanto si te gusta el verano como si no, no son negociables dos cuestiones: lo mejor del verano son los helados y las piscinas (o el mar, claro). No hay nada como refrescarse con un buen helado o un refrescante polo cuando el calor más aprieta, así como zambullirse en el agua es la mejor opción cuando el termómetro marca casi 40 grados (o sin casi). Sin embargo, en este punto se nos presenta un inconveniente: la piscina de nuestra casa no está a punto después de meses y meses cerrada, sin ningún tipo de mantenimiento y en muchos casos con roturas de lonas o con agua de lluvia que se ha filtrado en el interior. Por ello, y antes de ponerse manos a la obra, es esencial conocer cuáles son los mejores productos y, sobre todo, qué cuidados necesita nuestra piscina.

Nuestros amigos de Stocknet tienen claro qué productos no pueden faltar en nuestra casa. Se trata de los limpiadores desincrustantes, los antialgas y los aumentadores de PH, así como los tratamientos de agua y cloro. Gracias a estos productos, el agua de la piscina estará siempre en óptimas condiciones: limpia, cristalina y protegida de la formación de microorganismos. Además, tenemos que tener en cuenta que el mantenimiento de las piscinas es imprescindible antes, durante y después de su uso durante la temporada de baño. Y es que, si no cumplimos con las medidas higiénicas, podemos llegar a tener problemas graves de salud.

  • El primer paso es revisar la filtración de la piscina. Esto incluye desmontar la bomba y limpiarla; verificar que el cable eléctrico está en buenas condiciones y, si no lo estuviera, sustituirlo por otro; limpiar el filtro para evitar obstrucciones.
  • Con todos estos elementos revisados, el siguiente paso es limpiar los elementos que componen el sistema de filtración: la bomba y los filtros, que pueden ser de cartucho, de arena o de Aqualoon.
  • También hay que revisar los accesorios de la piscina, es decir, las rejillas, el canal rebosadero, las boquillas de retorno y los cestos, así como el resto de elementos con los que contemos.
  • La limpieza de la superficie es fundamental. Si la piscina está vacía, es probable que haya quedado agua residual de lluvia. En ese caso, es necesario vaciarla por completo y limpiar las paredes, el fondo y el skimmer. Si por el contrario la piscina está llena y el agua está en buenas condiciones porque hemos realizado un correcto invernaje, el paso a seguir es realizar un tratamiento de choque para estabilizar el agua y, además, se tienen que limpiar las paredes y el fondo de la piscina con cepillos y esponjas.
  • El último paso en este sentido es el de revisar los elementos exteriores de la piscina, como las escaleras o los trampolines, si los tuviera.

¿Qué pasa si nos bañamos sin limpiar el agua?

Las piscinas son un foco de infección claro, de manera que los riesgos para nuestra salud de zambullirnos en agua sin tratar son numerosos. La explicación se encuentra en la temperatura, ya que el frío del invierno provoca que no haya bacterias, pero estas empiezan a aparecer en cuanto se registran las primeras olas de calor de la temporada.

Las partes de nuestro cuerpo que más pueden sufrir en este caso son la piel, el sistema respiratorio y los ojos, ya que el incorrecto mantenimiento puede provocar un exceso -o un defecto- de cloro, así como un desbalance en el PH. De esta manera, los problemas más comunes son afecciones como la irritación ocular y cutánea, problemas respiratorios como asma, otitis e, incluso hongos (es muy común la aparición de pie de atleta).

Para evitar estos problemas, además de realizar un correcto mantenimiento del agua de la piscina, también podemos ducharnos siempre antes y después de bañarnos en la piscina y utilizar gafas para bucear, gorro de baño y tapones para los oídos.