Cosas que hacen que un parking merezca la pena.

Hay cosas en la vida que puedan hacer que un día empiece con buen pie… o se convierta en un pequeño caos, sobre todo cuando debes coger el coche por la mañana para ir a estudiar o a trabajar, y tienes que aparcar en un parking. Debería ser algo normal, no una prueba de paciencia, ¡pero no es tan sencillo!

No todos los parkings son iguales, y hay detalles que hacen que algunos merezcan la pena mientras que otros que provocan que los quieras evitar a toda costa.

Personalmente, he pasado por parkings que me hacen sentir como si estuviera en una película de terror: techos bajos, luces parpadeantes, olor a cerrado y carteles que parecen jeroglíficos. Por eso, en este artículo quiero contarte, desde mi experiencia, qué cosas valoro de verdad en un parking, qué me vuelve loca y qué detalles deberían tener en cuenta las empresas de parkings para que sus clientes estén más contentos (¡En serio, tomad nota!).

Lo que me hace huir de un parking.

Antes de hablar de lo que me gusta, creo que es justo mencionar esas cosas que hacen que huya de un parking como si me persiguiera un monstruo.

  • Señalización confusa: cuando entras y no hay indicaciones claras de salida, dirección de tráfico o acceso a los ascensores, es un caos total. Me estreso en segundos, y lo peor es que muchas veces no me doy cuenta y voy incluso en dirección contraria. En serio, ¿Es que no se dan cuenta de que es peligroso?
  • Suelo lleno de aceite o suciedad: un parking sucio, con manchas y charcos pegajosos, me genera sensación de inseguridad y poco cuidado. Y si ya hablamos del baño, ¡Apaga y vámonos!
  • Mal olor o aire viciado: si hace calor y no hay ventilación, entro y salgo sudando y con ganas de tomar aire fresco. Personalmente, lo detesto profundamente.
  • Luces parpadeantes o insuficientes: no hay nada peor que dar vueltas buscando tu coche en medio de sombras y luces fallidas. Parece una película de terror y siempre me da la sensación de que alguien me está acechando.
  • Plazas estrechas: es horrible lo mal que se pasa cuando intentas aparcar y sientes que vas a rayar tu coche o el de al lado.
  • Columnas mal señalizadas: parece un juego de obstáculos, y no, no es divertido.
  • Ascensores fuera de servicio o estrechos: cuando llevas bolsas, niños o maletas, esto se convierte en un drama.
  • Ruido constante de máquinas o coches: si entro buscando tranquilidad y siento que estoy en una pista de carreras, me molesta muchísimo.

Por si todo esto no fuera suficiente, también debo añadir otro apartado: es curioso, pero la estética importa más de lo que creemos, aunque no lo digamos en voz alta.

La estética importa (sí, en serio).

Sé que suena un poco frívolo, pero un parking bien cuidado con pintura limpia, señalización clara y buena iluminación cambia totalmente la experiencia. Y no me refiero a lujos innecesarios, sino de sentir que el lugar está pensado para que tu coche y tú estéis seguros.

De hecho, incluso podría decir que, si la decoración fuera diferente y creativa podríamos sentirnos hasta mejor, justo como piensan los creadores de Orbitparking con su diseño marítimo.

Y llegados a este punto puede que estés pensando que el parking es para lo que es, para aparcar y ya está, pero créeme que la estética puede incidir mucho en la experiencia de un cliente en cualquier lugar; al final, lejos de ser un asunto superficial, es señal de que alguien se preocupa por tu seguridad y comodidad.

Precios que no duelan.

Otra cosa que quiero destacar: el precio tiene que ser justo y claro. Me cabrea pagar de más o encontrarme con sorpresas en la máquina de salida. Me gusta saber exactamente cuánto voy a pagar antes de entrar, y que existan opciones para distintos tiempos: desde unos minutos rápidos hasta un día completo.

Los precios razonables combinados con buena ubicación son una combinación perfecta. Si un parking está limpio, señalizado, seguro y además tiene tarifas transparentes, es como encontrar un oasis en medio del caos urbano.

Aire acondicionado: ¡Imprescindible en verano!

No puedo ni empezar a explicar lo importante que es el aire acondicionado o ventilación en un parking. Si no, entras y sientes que te asas, tu coche se calienta y tu humor se derrite junto con el termómetro. Un parking que tenga circulación de aire adecuada o aire acondicionado es un lujo que no se aprecia hasta que lo pruebas en pleno agosto.

El calor dentro de un parking cerrado es algo que simplemente no soporto; de hecho, podría decir que incluso puede arruinar mi día antes de que comience: llego sudando, con prisa y con la paciencia al mínimo.

Por eso, siempre valoro mucho los parkings que tienen sistemas de ventilación en condiciones y corrientes de aire constantes.

Salidas señalizadas y sencillas.

Como mencioné antes, otro detalle que hace que un parking merezca la pena es la facilidad para salir. No hay nada más frustrante que dar vueltas infinitas buscando la salida correcta, con coches entrando y saliendo y carteles contradictorios.

Me encanta cuando un parking tiene:

  • Señalización clara desde la entrada hasta la salida.
  • Rutas de tráfico sencillas y espacios amplios para maniobrar sin agobios.
  • Indicaciones visibles para ascensores, escaleras y puertas de emergencia.

Estas pequeñas cosas hacen que tu experiencia sea rápida y segura, y evitan que salgas del parking con estrés acumulado, que es justo lo que queremos evitar al aparcar.

Servicios adicionales que suman puntos.

Además de lo básico, hay servicios que no he mencionado pero que también deben tenerse en cuenta:

  • Cajeros automáticos cerca de la salida o máquinas de pago fáciles de usar.
  • Vigilancia y seguridad, para que te sientas protegida incluso en horas nocturnas. Además, las cámaras de grabación son buena opción por si te rayan el coche y quieres identificar al infractor, también.
  • Espacios para bicicletas o motos, si no solo vienes en coche.
  • Cargadores eléctricos, cada vez más necesarios y valorados.

Problemas que he tenido y que espero no volver a tener.

Ahora me gustaría partir de mi experiencia y hablar de casos 100% reales para poder tratar el tema desde un punto de vista más actual:

  • Una vez, tuve que pagar una barbaridad por mi plaza de aparcamiento.

Literalmente, tuve que pagar 200 euros ¡Una barbaridad! Iba a dar mis clases de arte como todos los días, sólo que esta vez tuve que aparcar en un parking porque iba mal de tiempo y no había sitio cerca de mi academia. Iba a estar varias horas y además luego saldría a comer con mi novio, así que probablemente el precio sería de unos 10-15 euros, cosa que no me entusiasmaba, pero que a su vez vi predecible. Me dije a mí misma “Bueno, por una vez no pasa nada, mañana lo haré mejor”, y dejé el coche con tranquilidad en aquel lugar.

Cuando fui a pagar, vi en la pantalla 20€ y pensé “Quizá me he pasado un poco más de lo que pensaba”, y a pesar de que no estuve muy de acuerdo con el precio, lo pagué. La sorpresa fue que a mi banco me llegó un recibo de 200 euros (¡Un cerito más, vaya!) y tuve que denunciar al parking porque me habían dejado literalmente sin blanca.

Las cosas automáticas están bien, pero hay que tener siete ojos: ten cuidado que no te pase como a mí, porque encima, tardaron una barbaridad en devolverme la diferencia.

¿Qué recomiendo, en estos casos? Fidelizarte a algún parking cercano, si es que debes aparcar cerca todos los días y te pasa como a mí.

  • No podía pagar y tampoco podía salir.

Otro día tuve que sufrir otro error de automatización. En serio, estoy a favor de que las cosas vayan automáticas y no tengamos que guardar grandes colas, pero tampoco debería de estar el parking solo sin nadie bajo su supervisión, porque te puede pasar como me pasó a mí.

Dejé el coche en el parking unos 15 minutos para ir a comprar al centro, y cuando volví, la máquina no quería cogerme la tarjeta. Tuvimos que llamar a la centralita, esperar a que viniera alguien ¡Y tardaron un montón! Fíjate, sólo por un par de euros, fue una locura.

  • El baño del parking daba mucho miedo y además estaba ilocalizable.

Cuando vas de viaje en tu coche, sueles aparcar en ciertos parkings para ver la ciudad y desconectar, pero seamos francos: también lo hacemos para aprovechar e ir al baño. En mi caso, lo tuve chungo. El baño estaba totalmente ilocalizable, las señales eran totalmente confusas, parecía aquello un laberinto y encima cuando llegué pasé mucho miedo. Estaba todo oscuro, había algún que otro bichillo pululando y no había papel (cómo no). Menos mal que no iba sola, y le pedí a mi novio que se quedara cerca de la puerta.

En conclusión.

Creo que los parkings deberían ser mejor, en serio, por seguridad, por comodidad ¡Y por todo!

Señalizar mejor, iluminar mejor y poner al menos a un par de personas vigilando no hace mal a nadie. ¡Espero que no te pase como a mí y que este artículo llegue a buen puerto y los parkings del mundo mejoren!

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