Así es la vida de un nómada digital en verano.

El nómada digital es un atractivo personaje que ha irrumpido en el panorama laboral contemporáneo. La sugestiva imagen del trabajador freelance que puede viajar y trabajar en cualquier parte del mundo, llevando su ordenador portátil encima. Sin embargo, hay que señalar que este personaje está más envuelto de mito que de realidad. Conozco pocos freelancers en remoto que hagan vacaciones. Entonces, ¿qué hace un nómada digital en verano?

El mundo online ha creado una serie de profesiones y servicios que se pueden prestar en cualquier sitio, siempre que haya una conexión de internet. Para las empresas es positivo, ahorra costes. El trabajador aporta el equipo. La empresa no tiene que habilitarle un sitio en la oficina. Un empresario puede captar talento de otra parte del mundo, sin obligar a que el trabajador se desplace al lugar donde está el puesto de trabajo.

Para el trabajador, se supone que este modelo de trabajo le permite una mayor flexibilidad horaria. Esto es relativo. No olvidemos que la gran mayoría de los nómadas digitales son trabajadores autónomos. Tienen que atender encargos y entregarlos en un plazo establecido. El tiempo disponible para viajar o atender otras facetas de su vida está condicionado al volumen de trabajo que tengan.

Como sucede con el autónomo tradicional, el nómada digital no tiene vacaciones pagadas. Si durante un mes no trabaja, no le entran ingresos. Es más, a muchos de ellos no les conviene coger vacaciones.

Esto no significa que no puedan viajar a la playa o acompañar a sus familias mientras esta se coge unos días de descanso. ¿Qué hace, pues, un nómada digital en verano? Como periodista freelance en remoto que soy, en cierto modo un “nómada digital”, voy a intentar dar respuesta a esta pregunta, partiendo de mi experiencia y de lo que conozco de mis colegas de profesión.

La película “Nómadas” de Ingrid García Johnson.

Con el patrocinio de ING, que quería sacar una cuenta corriente para jóvenes, la actriz española Ingrid García Johnson dirigió en el 2022 un documental llamado Nómadas, que durante un tiempo se emitió en Netflix, y que se dedicaba a desmitificar esta figura romántica.

Sobre la base de hacer entrevistas y recoger testimonios de jóvenes trabajadores en remoto, algunos de ellos con relevancia mediática, Ingrid presentaba el descarnado retrato de una generación que intenta abrirse camino y sobrevivir en un panorama laboral incierto, cambiante y con un alto grado de precariedad.

La que probablemente sea la generación mejor formada de la historia se topa con grandes dificultades para acceder al mercado de trabajo y aprovecha las ventanas que le abre el mundo digital para aceptar cualquier tipo de empleo, muchos de ellos online.

Uno de los personajes de la historia es un conocido influencer. Se gana la vida rodando y editando vídeos por encargo. Vive en su caravana. Con los ingresos que tiene, le sale más rentable vivir así que alquilar un piso en Madrid o en Barcelona. Es una opción de vida, pero condicionada en gran medida por las circunstancias.

Otros de los personajes de la película buscan nichos o actividades que se salen de lo convencional y, por tanto, tienen menos competencia. El carácter global de internet les ha permitido hacerlo. Ofrecen un servicio diferente, como puede ser un albergue de animales, y encuentran clientes que los contratan. Es una forma como cualquier otra de ganarse la vida.

“Nómadas”, dice uno de los jóvenes protagonistas de esta historia. “Me mola. Es vivir  en todos lados y a la vez en ninguno.”

La precariedad del algoritmo.

¿En qué se parece un rider de pedidos a domicilio a un nómada digital? En apariencia, son actividades laborales opuestas. El nómada digital es un privilegiado. Puede darse el lujo de viajar y vivir en cualquier sitio. Organiza el trabajo a su ritmo, no está sujeto a horarios. Se supone que tiene un alto nivel adquisitivo, puesto que se dedica a actividades relacionadas con la tecnología. El rider, en cambio, es uno de los ejemplos más claros de precariedad laboral. En nuestra memoria están los falsos autónomos de ciertas empresas conocidas de Delivery.

Los escritores Jorge Sequera, Ana Santamarina y Francisco Fernández Trujillo nos cuentan en su libro Nómadas digitales y precarización algorítmica que estas dos actividades son más parecidas de lo que pensamos.

Este libro cuenta cómo los riders y los nómadas digitales son producto de las transformaciones en el mundo laboral y en el espacio urbano que han traído consigo las plataformas digitales. Un espacio donde prima la flexibilidad, también en las condiciones laborales, y el ahorro en costes, lo que trae consigo precariedad. Atrás quedó el anhelo de nuestros padres de que encontráramos un trabajo fijo.

Aunque los nómadas digitales se asocian con personas viajeras, en realidad viven en las grandes ciudades. Donde tienen que enfrentarse a problemas sociales como el acceso a la vivienda, la carestía de la vida y los problemas de transporte.

Tienen que administrar sus recursos económicos, que por lo general no suelen ser estables, para cubrir sus necesidades vitales y profesionales. Lo que les lleva a buscar soluciones flexibles. Alquileres de vivienda temporales, espacios de trabajo coworking, herramientas digitales de trabajo por suscripción mensual sin obligación de permanencia. Opciones a las que pueden acceder según el flujo de ingresos y de trabajo que tengan en cada momento.

Viendo esto podemos entender mejor por qué los nómadas digitales no tienen vacaciones. Desmitificada la figura, veamos las alternativas que tiene un nómada digital para trabajar en verano.

Viajar con el ordenador a cuestas.

Si trabajas en remoto y ves que tu familia o tu pareja se coge vacaciones y se va a la playa o ha contratado un viaje a Estambul que le ha salido muy bien de precio, tu trabajo te da la opción de acompañarle. No tienes que avisar en la oficina, no tienes que pedir permiso. Este es un privilegio que todo el mundo no puede permitirse.

Ahora bien, tu ritmo de trabajo no cambia por el hecho de que te hayas trasladado unos días. El 15 de agosto tienes que entregar un encargo que te ha pedido un cliente y este no va a permitir que te retrases por el hecho de que estés pasando una semana en el Cabo de Gata de Almería.

Lo bueno que tiene este tipo de trabajos es que en cualquier hotel o alojamiento turístico tienes wifi. Y si no tienes la cafetería de la esquina donde te puedes bajar unas horas con el ordenador.

Depende mucho del volumen de trabajo que tengas en ese momento y del tipo de trabajo al que te dediques, pero no vas a tener la disponibilidad de tiempo que tiene tu compañero de viaje. La revista Forbes publica un artículo en el que habla de los puestos de trabajo en remoto que más se demandan en la actualidad. Entre ellos se encuentran los de Responsable de Producto (Product Manager), Gestor de Proyectos (Project Manager) y Representante de Desarrollo de Ventas (SDR). Estos puestos de trabajo, en concreto, no permiten desconexión y, muchas veces, requieren disponibilidad completa las 24 horas del día. No es que estés trabajando todo el tiempo, pero debes estar preparado porque en cualquier momento pueden reclamar tu atención.

Trabajar en casa.    

Parece una contradicción, pero la gran mayoría de los trabajadores en remoto trabajamos desde casa. A grandes rasgos, no nos influye mucho si estamos en verano o en invierno. Vivimos en un nivel de confinamiento bastante alto. Yo porque tengo perros y tengo que sacarlos a la calle; si no fuera por ellos, cuando tengo mucho trabajo, habría días que ni saldría de casa.

Para algunos de nosotros, quedarse en casa resulta hasta agradable. La gente se ha cogido vacaciones y hay menos bullicio en la ciudad. Si tienes que coger el transporte público para cualquier cosa, hay menos gente. Por la noche puedes bajarte a la terraza de un bar del barrio y tomarte una cerveza con los amigos; el ambiente es menos asfixiante. Puedes llegar hasta a relajarte.

Yo, que vivo en Barcelona y he pasado muchos veranos trabajando en la ciudad, puedo decir que, si evito las zonas de aglomeración de turismo, disfruto más de mi ciudad en verano que en cualquier otra época del año.

Lo que sí es importante es que, si optas por esta opción, es necesario que mantengas una rutina. Que te levantes todos los días a la misma hora y que seas estricto en seguir un horario de trabajo. En verano, aunque estés trabajando, los horarios son más laxos. Los niños no van a la escuela y tu pareja y amigos te reclaman tiempo para que salgas con ellos. Cuesta más autodisciplinarse, pero tienes que hacerlo.

Aunque nos parezca un contrasentido, pasar el verano trabajando en casa no es un castigo; puede resultar agradable. Todo depende de cómo te organices el tiempo. Puedes dejarte algunos huecos para desconectar unos días.

Visitar un coworking.

Nos cuenta el personal de administración de Mitre, 127 Workspace, un coworking situado entre los barrios de Sarriá y Sant Gervasi, por encima de la Avenida Diagonal de Barcelona, que en los meses de julio y agosto reciben nuevos clientes que van a trabajar durante una temporada en sus instalaciones. Se trata, muchas veces, de profesionales que aprovechan el verano para conocer Barcelona o desean pasar unos días en la ciudad condal, pero deben seguir atendiendo sus responsabilidades laborales.

Para los trabajadores en remoto que viajan en verano, visitar un coworking es una buena opción para trabajar. Asienta un poco de orden y disciplina en medio de ese caos que representan los viajes veraniegos. En cierto modo es como ir a una oficina. Cuando salgas de allí, puedes relajarte con la familia y los amigos.

Partamos del ejemplo que hemos cogido antes. Acompañas a la familia en las vacaciones, pero tú tienes que seguir trabajando. Tu pareja y los niños están con la historia de ir a la playa, de bajarse a la piscina, de darse una vuelta por la zona comercial. El hotel o el apartamento en el que te alojas no es el lugar más indicado para quedarte a trabajar. Los tuyos están con la cabeza puesta en otro sitio. Buscar un coworking no muy lejos de donde vives esos días y acercarte cada mañana allí con tu ordenador portátil es una buena forma de no romper la rutina laboral. De cumplir con tus compromisos profesionales.

Para aquellos trabajadores en remoto que trabajan desde casa y les cuesta más autodisciplinarse en verano, el coworking es la opción indicada. La casa es la alternativa más cómoda, pero el coworking crea unas condiciones físicas de trabajo que es difícil reproducir en tu domicilio. Cuando sales por la puerta de casa con el maletín al hombro, ya estás mentalizado en que vas a producir.

Nómadas digitales en la playa.

¿Trabajo o postureo? En redes sociales como LinkedIn o Instagram podemos ver estos días fotos de profesionales que están trabajando con su ordenador personal desde una terraza en el paseo marítimo de un destino de costa, con unas vistas estupendas, o se hacen una foto en la cubierta de un yate, con el cuerpo bronceado, y escriben: “Estoy trabajando”.

Lo que está claro es que si eres un agente de marketing digital o un responsable de producto y estás a punto de hacer un lanzamiento que compromete miles de euros, no vas a dejar aparcado el trabajo porque te desplaces unos días a Ibiza.

La página web Word Economic Forum opina que es factible estar en la playa y trabajar en remoto. En las zonas de costa encontramos cada vez más cibercafés donde hay gente trabajando o estudiando con su ordenador.

Ahora bien, como nos cuentan en esta web, debes ser consciente de que te puedes encontrar con problemas técnicos, como por ejemplo una conexión a internet más lenta; te va a costar más concentrarte y tendrás que resetear tu vida con frecuencia. La playa no deja de ser un ambiente de ocio y tú la estás utilizando para trabajar.

 

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